La selección de Rusia, heredera futbolística de la Unión Soviética, cuenta con una trayectoria marcada por logros importantes. Su mayor reconocimiento histórico proviene de la Eurocopa de 1960, donde la URSS se coronó campeona. Además, el equipo ha conseguido finales y semifinales tanto en Eurocopas como en Juegos Olímpicos.
Uno de los momentos más recordados fue su actuación en el Mundial de Rusia 2018, donde alcanzó los cuartos de final y sorprendió a propios y extraños por su rendimiento. Ese torneo revitalizó el apoyo local hacia la selección. A pesar de que ha pasado por periodos de irregularidad, la historia demuestra que es una selección capaz de competir.
La selección rusa históricamente ha priorizado un estilo físico, compacto y disciplinado. Se caracteriza por su solidez defensiva, buscando mantener líneas ordenadas y reducir espacios al rival. El mediocampo suele equilibrar recuperación y salida rápida, aunque en ocasiones se sacrifica creatividad por seguridad.
Sin embargo, dependiendo del entrenador, el estilo puede inclinarse hacia transiciones veloces. En torneos como el Mundial 2018, Rusia mostró un juego más vertical y directo, aprovechando la intensidad en momentos clave. Si bien no siempre destaca por posesión prolongada, su fortaleza está en la capacidad de sostener partidos cerrados.
La selección está dirigida por la Unión de Fútbol de Rusia (RFU), organismo encargado del desarrollo del fútbol. La RFU coordina los programas de formación, las competiciones locales y el funcionamiento de las selecciones en todas sus categorías. A pesar de los desafíos, la institución continúa promoviendo proyectos juveniles.
En los últimos años, la relación entre la selección y federación ha sido clave para fortalecer el recambio generacional. La liga local, la Premier League rusa, sirve como principal plataforma para la aparición de nuevos talentos. Aunque la visibilidad internacional ha disminuido, la RFU mantiene una política firme de desarrollo interno.